Prof. David Luján
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Por qué refugiarse en el pasado puede destruir tu cuerpo: el caso de Josu

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Os voy a contar el caso de Josu porque creo que hay mucha gente con este mismo problema. La consciencia tiene la capacidad de viajar al pasado: todos podemos, con los ojos abiertos, visualizar un momento hermoso de cuando teníamos veinte años y recuperar esas sensaciones de juventud, de fuerza, aquellas relaciones, la viveza de entonces — incluso los colores y los aromas. Nuestra consciencia, situada en el eje mental hígado-corazón-cerebro, puede hacerlo porque le resulta útil para nuestro desarrollo y nuestra supervivencia. Pero ahí empieza también el problema: esa misma capacidad puede convertirse en una vía de escape o evasión. No es algo malo en sí mismo — depende de cómo se use, cuándo y cuánto tiempo.

Cuando el presente duele y el pasado consuela

Hay personas que, al llegar a una edad avanzada, han perdido capacidades físicas y mentales, han visto marcharse muchas relaciones y las que quedan ya no son buenas. El presente no les agrada, y el futuro, menos todavía. Hay muchas formas de afrontar esto, pero una muy común en la gente mayor es usar esta capacidad natural de la consciencia para escapar del presente e intentar vivir instalados en los recuerdos dulces del pasado. Al principio cuesta, porque la mente no está entrenada para ello. Pero con el tiempo se fuerza y se mejora esa capacidad, hasta pasar horas y horas al día encerrados en los recuerdos. Y es ahí, con el paso del tiempo, cuando aparecen los daños: primero cognitivos, después neuromotores, hasta llegar incluso a fallos sistémicos. Es la causa central de muchas demencias seniles — y también de otras muchas que nunca se diagnostican como tal.

El caso de Josu

Este es el caso de Josu, que ha pasado tres días tratándose aquí, en el Castillo. No tiene demencia senil — solo 67 años —, pero ya ha sufrido un ictus leve y dos infartos. Le conozco de haber asistido a dos de mis retiros el año pasado: entonces estaba bien, y se marchó aún mejor. Esta vez ha llegado con todo el cuerpo hinchado por una medicación que le habían recetado, apenas podía caminar y tenía la respiración completamente alterada — respiraciones muy altas y rápidas, con ataques de pánico casi cada pocos minutos.

¿Dónde estaba el fallo? Efectivamente, Josu estaba huyendo de un presente incómodo y se había refugiado en esa capacidad de la consciencia para viajar a sus recuerdos más dulces. En los pulsos no se apreciaba más que una depresión activa y nerviosa.

El tratamiento

Le he tratado los puntos del nervio vago, que es el que ayuda a conectar el cuerpo con la mente — al escapar mentalmente de su propio cuerpo se había producido una desconexión severa, y esto le ha ayudado mucho. Pero el tratamiento principal ha sido la conversación: hacerle entender lo peligroso de ese ejercicio mental y las consecuencias que trae. Como estaba muy asustado, ha respondido bien. En tres sesiones ha dejado de tener las respiraciones de pánico, ya puede mantenerse erguido y camina despacio. La hinchazón del cuerpo desaparecerá en unos días, en cuanto siga caminando — el psoas, el músculo que mueve las piernas, es también el que ayuda a drenar los riñones en todo el cuerpo.

Conclusión

No es un juego mental agradable sin más: si se abusa de él, puede tener consecuencias devastadoras para la mente y el cuerpo. Destruye la cognición, los músculos y los órganos internos, y es una de las causas de muerte más comunes en Occidente al llegar a la tercera edad. No hay pastilla, medicamento ni tratamiento que lo resuelva por sí solo: es cuestión de actitud y de disciplina propia. Lo único que de verdad nutre es el presente, y los planes de futuro a corto plazo. Mi consejo: borrar las fotos emotivas de forma constante, desprenderse rápido de los objetos que generan apego, rechazar activamente los recuerdos emotivos — la memoria es selectiva — y dejar que la consciencia busque esas memorias solo cuando las circunstancias lo pidan, y siempre con un propósito práctico de ayuda a los demás.

Este relato describe un caso real de consulta, con datos ajustados para proteger la identidad de la paciente. No sustituye un diagnóstico médico individual; cada caso requiere valoración propia.

¿Tienes un caso parecido o alguna pregunta sobre este tratamiento?